domingo, 17 de enero de 2016

Trabajo de campo VII: Ceuta, ciudad frontera (I). Un pequeño recorrido histórico.

Mi particular recorrido por la valla de Ceuta que hice acompañada de Alfonso Cruzado, Portavoz de la Guardia Civil de la Comandancia General de Ceuta, en realidad, comenzó unos días antes.



En el mes de septiembre de 2014, entrevisté a José Luis Gómez Barceló, miembro de la Academia Andaluza de la Historia, Archivero Diocesano y Cronista de la de la Ciudad Autónoma. José Luis es experto en Historia Moderna y Contemporánea del Protectorado y del Estrecho. Durante mi estancia en Ceuta, iba cada día a la Biblioteca Pública, y fue allí donde me recomendaron que hablara con él, aunque ya lo habíamos visto en varias ocasiones en la TV local. La verdad es que fue un verdadero acierto. Su pronta y amable respuesta, presagiaba lo mejor. No solo salí de su despacho (ubicado en el Ayuntamiento) con una grabación de casi dos horas de duración, sino que también tuvo la amabilidad de regalarme varios libros, entre los cuales se encuentra esta joya cartográfica"Límites, fortificaciones y evolución urbana de Ceuta (siglos XV-XX) en su cartografía histórica y fuentes inéditas" de J. B Vilar. y Ma. J. Vilar.


Foto tomada en la habitación del piso que tenía alquilado en Ceuta. Me vinieron perfectos para entrar en materia.
Pero no nos engañemos. Esto no suele suceder todos los días, y cuando tus recursos económicos son limitados, la alegría que te da, es inmensa. Aunque mis dedos casi sufrieran de gangrena por ir cargada con ellos hasta mi casa. Eso sí, también me advirtió de que si mi investigación hubiera sido de la misma rama, esto es, puramente histórica, otro gallo hubiera cantado. En ese momento pensé que estaba en lo cierto, y agradecí su sinceridad. Por ello, tenía que aprovechar esta oportunidad al máximo. De hecho, José Luis es autor de numerosas publicaciones y os aseguro que es una delicia escucharle.

José Luis Gómez Barceló en las dependencias del Ayto. de Ceuta.


La entrevista se hizo en la planta baja del Ayuntamiento, una zona fría y tranquila, donde conservan numerosos documentos. Nos sentamos en una pequeña mesita, saqué mi grabadora, y comenzó a hablar en tono pausado. Yo era su alumna y él un profesor encantado de transmitir su sabiduría. José Luis me contó que él era conocedor de numerosos trabajos en los que se trataba de establecer una comparación entre esta ciudad extra peninsular y los territorios fronterizos de Estados Unidos. También me contó que él había nacido en Tetuán, ya que su abuelo era el Director del Hospital, hasta pasados 10 años después del Protectorado. Su familia vivió (y parte de ella sigue viviendo) en Marruecos (en Melilla, Tánger, Larache, Tetuán, Alhucemas…). Ellos durante el s. XVIII eran intérpretes, por lo que se han movido a un lado y otro de la frontera con toda naturalidad.

Él me contó que Ceuta tenía un pasado cristiano-bizantino, sometido a una Conquista musulmana en el s.VIII y a la Reconquista en el s. XV. Por tanto, era una ciudad llegada por el Derecho de Conquista que estaba en aquella época en vigor. En la Edad Media y Moderna, se trazó la frontera para la defensa de un espacio, que dependía también del armamento con el que contaban en el territorio. La ciudad de Septem (como se conocía en ese momento), comenzó a ser amurallada durante el Imperio Bizantino, y se estableció en un pequeño cuadro fortificado, ubicado en la zona ístmica y entre fosos. Posteriormente, sufrió una reforma durante la época califal, y se volvió a ella durante la época portuguesa. Es decir, cada vez que la ciudad tenía épocas de paz, se expandía, y cuando sufrían ataques exteriores o la población era menor, se reducía al espacio ístmico que es el más fácil de defender.

Panorámica del Istmo de Almina y Monte Hacho (izq), desde el Mirador Isabel II. A la dcha. Marruecos.
Os podéis imaginar que ya estaba visualizando todo su relato, de manera que pronto me di cuenta de que Ceuta desde el inicio de sus tiempos, ha estado militarizada de alguna manera, y ha sido objeto de numerosas controversias. La fortificación califal la heredaron almorávides, almohades y benimerines, con distintos cambios. Pero es a partir del s. XV, con la aparición de la artillería, cuando la frontera evoluciona. La ciudad estaba detrás de sus murallas, y en épocas de paz (s. XVI-XVII), era capaz de moverse por el territorio, pero siempre volviendo a su espacio. A finales del s. XVII, se produjo el cerco de Muley Ismail (1694-1727), de manera que era el tiro del cañón lo que marcó las distancias, es decir, si la ciudad tenía un armamento que alejaba al enemigo 1 km, a partir de ahí aparecerían las otras posiciones. Por tanto, se creaba un espacio neutral fruto simplemente del tiro al cañón, que marcaba las distancias entre el cercado y el cercador. Así, ya habían dos tipos de defensa: la muralla y el tiro del cañón.


Las Murallas Reales en la actualidad. Los paseos nocturnos por esta zona se hacían muy agradables.
Mientras iba imaginando lo que tenía que ser vivir por aquellas tierras en un espacio tan limitado y de violencia latente, José Luis siguió avanzando en su relato histórico, y me contó cómo se dio lugar durante el s. XVII y principios del s. XVIII a una “guerra subterránea”, es decir, empezaron a funcionar las guerras de las minas y las contraminas. El enemigo edificaba posiciones, y desde esas posiciones, construía galerías para meterse debajo de la fortificación y volarla. Cuando murió Muley Ismail, la ciudad tenía sus fortificaciones, muy ampliadas con las murallas reales, pero con un espacio concedido por delante, que creaba una línea fronteriza: la de 1727. Ese territorio, en teoría no era de dominio español, sino que era una concesión. Es decir, un espacio que el Sultán de Marruecos concedía a la ciudad para forrajear, por lo que técnicamente no era propio de la ciudad.

A medida que iba pasando los s. XVIII y XIX, se firmaron una serie de Tratados entre España y Marruecos, que reconocían una línea que se iba ampliando o reduciendo, unas veces señalizada y otras no. Esa línea cambiante, es la que existía en 1859, dando lugar a la Guerra de África (1859-1860). El Gobierno de la ciudad quería volver a delimitar el perímetro fronterizo, pero los cabildos se negaron, de modo que atacaron esos hitos y comenzó un conflicto que para unos era un simple problema de límites, mientras que para otros era provocado por las autoridades españolas, para intervenir y aumentar su dominioFruto de la guerra, surgió el problema de la ocupación de Tetuán, naciendo así una nueva frontera para Ceuta. Ésta siguió los pasos de la de Melilla, por lo que se marcó en el “Arroyo de las Bombas” el perímetro fronterizo. Un trazado que no estuvo exento de problemas, pues existieron diferencias entre el Estado español y la Comisión de Límites, quedando fuera el territorio de Benyunes.

Entre el año 1859-1860, se creó además un proyecto de vigilancia y defensa de esos nuevos límites, porque hasta el momento había únicamente la línea de siempre del foso y la división existente del año 1721 a 1727, ambas con  sus correspondientes fortificaciones que las vigilaban. Se construyeron entonces 7 torres neomedievales de planta, de las que quedan actualmente 5. Una de ellas estaba en Benzú y la otra, la del Renegado, en “la tortuga”. Con ello se formaba un sistema de defensa de la ciudad, que iba desde la misma con una serie de acuartelamientos guarnicionados por 500/1.000 hombres, y las torres (con 150), que perduró desde finales del s. XIX a comienzos del s. XX. Durante ese periodo, normalmente era el Kaid marroquí el que estaba al cargo de la aduana, aunque se producían incursiones de cabileños que robaban y mataban a los colonos de esos terrenos. El crecimiento del campo exterior que va de las murallas antiguas a la nueva linde, se parceló a partir de 1868, y se dio a algunas personas para que se trabajasen. Esto funcionó así hasta que se instauró el Protectorado.


Fuerte del "Desnarigado". Controlaba una cala cercana a Ceuta que era lugar de reunión habitual de
corsarios procedentes de Marruecos. Uno de estos piratas, el Desnarigado, da el nombre tanto a la cala como
a la fortaleza. Ya utilizado por los árabes, era aprovechado desde 1415 por los portugueses. Fue modificada
en 1693, y el actual castillo se construyó en el s. XIX. Durante el Protectorado, se desmanteló y en 1936,
quedó desartillado, aunque con las campañas africanas durante la II Guerra Mundial, volvió a la actividad militar.

Durante el Protectorado, la ciudad siempre mantuvo una Administración diferenciada, ya que a partir de 1912 se consideró que los territorios de Marruecos eran posesiones conquistadas previamente, por lo que su estatus debía ser considerado distinto al colonial. Durante la primera época, conocida paradójicamente como la “de pacificación”, la ciudad era un Hospital y un Cuartel, además de la sede de la Legión y de los Regulares. Cuando finalizó la guerra con Marruecos, Ceuta pasó a ser el puerto de entrada al país vecino. Además, en 1918 se inauguró una línea de ferrocarril que llegaba hasta Tetuán. Cuesta imaginar ahora la existencia de ese tren que comunicaba ambas ciudades, cuando ahora el trayecto ha de hacerse en taxi o en vehículo propio.


Parada de taxis, justo al salir de la frontera del Tarajal. Es la mejor forma de viajar a Tetuán o a Tánger, siempre que no dispongas de vehículo propio.
José Luis siguió dándome numerosos detalles de los cambios poblacionales que sufrió Ceuta por aquel entonces, aunque ya me advirtió que era preferible que entrevistara a José Antonio Alarcón Caballero, quien estaba especializado en este periodo tan interesante, y a mi parecer, poco conocido de la historia de España. Durante esa época, también se pretendía cambiar la imagen de la ciudad, de manera que la “plaza militar” o “presidio”, tendría su fin en este periodo, con su desmantelamiento entre 1911 y 1912. Tras ello, fueron llegando empresarios que querían invertir en Marruecos hasta el año 1927, y muchos de ellos acabaron asentándose en la ciudad, ya que les permitía alejarse de la situación bélica que se vivía en el país vecino. 

En cuanto a la aduana, estaba ubicada en Castillejos. Sin embargo, cuando Marruecos se independizó el día 2 de marzo de 1956, fue trasladada a Ceuta, pero nunca aceptó la existencia de una frontera comercial. Asimismo, se cortó la vía de ferrocarril, aunque se mantuvieron autobuses directos entre Ceuta-Castillejos-Tetuán y Tánger hasta el año 1975. Cuando murió Franco, este servicio también dejó de existir.

Y llegados a este punto, inevitablemente me contó cómo era la frontera antes de llegar a su estado actual. José Luis, al igual que hiciera posteriormente el portavoz de la Guardia Civil, me describió una valla de reducido tamaño, con una pequeña alambrada, y por la que la gente pasaba tranquilamente a diario, cruzando por el campo. Una situación que recordó al cruce de Tijuana-San Diego en los años ochenta. Lejos quedaba ya esa época en la que los marroquíes podían entrar hasta principios de siglo en las plazas militares, cuando sonaba el cañón de la mañana, debiendo abandonarlas con el cañón de la tarde.

Finalmente, acabó la conversación, dándome una visión personal y como historiador local de todas las circunstancias actuales que se viven en Ceuta, llegando a la conclusión de que la población no vive la situación de la valla como propiaY está en lo cierto, porque el comercio irregular se ha llevado lejos del centro, hasta el polígono del Tarajal, y se ha generado un espacio en el que se desarrolla la vida cotidiana al margen de la dura realidad de la migración irregular, de la seguridad fronteriza, del proceso de militarización de la frontera, del trabajo esclavo de las porteadoras, etc.

Sin duda, mi perspectiva sobre la frontera ya estaba cambiando. Aunque aún me faltaban más entrevistas para tener una visión más completa sobre ella. Pero eso os lo contaré en el siguiente post. ¡Hasta pronto!







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